Qué ver en Barcelona

Hablar de Barcelona es hablar de La Rambla, el mar y sus playas.

Las playas de Barcelona se extienden a lo largo de unos 4,5 kilómetros de costa y constituyen un magnífico espacio natural donde podemos entrar en contacto con el mar, el sol y la arena, además de practicar multitud de deportes acuáticos, como el surf, la vela, el kayak o el kite surf.


Las playas de San Sebastià y la Barceloneta son las más antiguas y de mayor tradición, con clubes deportivos de gran relevancia por sus actividades relacionadas con el mar. En el centro de la costa barcelonesa nos encontramos con la playa de Nova Icària, especialmente recomendada para los amantes del volley playa, y las de Bogatell, Mar Bella, Nova Mar Bella y Llevant, por su parte, ofrecen muchas posibilidades de ocio, gracias a sus chiringuitos e instalaciones deportivas.

El Port Vell es una de las principales zonas comerciales y de ocio de la ciudad. Lo forman tres muelles: el Moll de la Fusta, el Moll d’Espanya y el Moll de la Barceloneta. El barrio de la Barceloneta fue, durante los siglos XVIII y XIX, residencia de pescadores. En la actualidad es famoso por sus restaurantes de pescado y marisco.

De camino a La Rambla, encontramos el monumento al navegante Cristóbal Colón. Sobre una majestuosa columna de hierro de cerca de 50 metros, se erige la figura del descubridor. Lo más interesante es el mirador al que se accede mediante un ascensor situado a los pies de la estatua, desde el que se pueden disfrutar de magníficas vistas de Barcelona.


Si continuamos nuestro paseo hacia La Rambla, salen a nuestro encuentro las Reales Atarazanas, antiguo astillero medieval. Se trata de un edificio de ocho naves paralelas y un gran patio central donde en invierno se guardaban cerca de treinta galeras. Es la construcción gótica civil más grande de Europa.

La Rambla ofrece al visitante uno de los mejores escaparates de Barcelona, reflejo de su historia y de la vida de sus ciudadanos.

Aunque se trata de una única avenida, los distintos tramos de La Rambla reciben diversos nombres en honor a los edificios, conventos e iglesias por los que transcurría: Rambla de Santa Mónica, Rambla de Sant Josep, Rambla de los Estudios, Rambla de los Capuchinos y Rambla de Canaletes.

Al ascender por ella, encontramos el acceso a la Plaza Real, inspirada en las urbanizaciones francesas de la época napoleónica. Gaudí fue el encargado de diseñar la ornamentación de la plaza: la Fuente de las Tres Gracias flanqueada por dos farolas de tres y seis brazos coronados con un casco con alas, símbolo del poder comercial de Barcelona.

Subiendo por La Rambla, nos encontramos también con uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, cuya historia lamentablemente ha estado marcada por los incendios: el Gran Teatro del Liceo. Construido en 1847, este edificio, símbolo de Barcelona, sufrió su primer incendio en 1861, tras lo cual fue necesaria su reconstrucción. Posteriormente, en 1994, la historia se repitió, obligando a realizar una nueva reconstrucción, en la que se recreó el suntuoso estilo tradicional del edificio, recuperando salones y pinturas ilusionistas y pompeyanas.


En el Plà de la Boquería está el Mosaico cerámico de Joan Miró, instalado por el Ayuntamiento en 1976. Con los años, se ha convertido en una de las más emblemáticas señas de identidad de esta popular vía barcelonesa. No es preciso caminar demasiado para encontrar el Mercado de la Boquería, el más famoso y antiguo de la ciudad. El mercado y sus alrededores han sido restaurados en los últimos años con el fin de devolverles el aspecto que tenían a principios del siglo XX. La Boquería preside el tramo central de la Rambla, quizás el más colorista y exuberante, llamado Rambla de las Flores por los puestos en los que se venden flores durante todo el año.

Continuando por La Rambla, nos encontramos con la zona denominada la “Rambla dels Ocells” (rambla de los pájaros), así llamada por los puestos de venta de animales. Si continuamos en dirección a la plaza de Catalunya, saldrá a nuestro encuentro la Real Academia de Ciencias y Artes, construida en 1883 sobre las ruinas de un antiguo colegio jesuita que en la actualidad alberga, a parte de la academia, el Teatro Poliorama y el Restaurante Viena. Característico es, además, el reloj que preside la fachada, del que popularmente se dice que marca la hora oficial de Barcelona.


Al final de La Rambla nos topamos con la Fuente de Canaletes, donde los seguidores del FC Barcelona celebran sus triunfos, y salimos a la Plaza de Cataluña, centro neurálgico de la ciudad. Esta monumental plaza circular comenzó a construirse en el año 1925 y su diseño definitivo es obra de Francesc de Paula Nebot, que transformó el proyecto inicial de Puig i Cadafalch, condenado al ostracismo por el régimen militar de Primo de Rivera. La plaza de Cataluña marca el inicio del Paseo de Gracia y del Ensanche, el auténtico hábitat del Modernismo barcelonés.